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lunes, 14 de julio de 2014

LA TRANSMISIÓN Y LA COMUNICACIÓN EN LA ERA DE LO INMEDIATO

La transmisión y la comunicación en la era de lo inmediato
El consumo de información es según Gemma Martínez “la acción de buscar y recuperar datos e información con la finalidad de dar respuesta a una necesidad o interés informativo.” La misma autora nos señala que la acción de búsqueda y recuperación nos define al usuario. Aquí aparecen dos elementos fundamentales para el trabajo de marketing. Los perfiles conseguidos con ese análisis de datos (el big data se hace aquí esencial) nos muestran qué quiere el usuario y cuál es su nivel de competencia, dónde vive, etc. Tenemos así herramientas para definir a qué mercado pertenece y se está en nuestro target. Y también sabremos cómo dirigirnos a él. La organización de la información que el usuario acepta tiene que ver con su autopercepción de competencia. Si la usabilidad supera sus expectativas se marchará ansioso, si se quedan cortas se aburrirá y buscará en otro lugar. Algo de esto ocurre con los medios tradicionales de noticias en relación con lo que algunos denominan el público de futuro.
Ese público del futuro , los adolescentes y niños de hoy, buscan interactividad e inmediatez. Viven en un mundo en el que capturan información picoteando en google, hablando con otras personas y han vivido en la era de la satisfacción inmediata. Un estudio realizado por la Corporation for Public Broadcasting señala que “espera  aprender a través de la experiencia, y busca que los nuevos medios le faciliten esa experiencia”.
Afirma este estudio que ese público “no se conformará con cualquier cosa “. No todos son tan optimistas. Nicholas Carr en “Superficiales” afirma que la enorme cantidad de información, inabordable, nos obliga a hacer análisis superficiales para desechar. En esas circunstancias el cerebro se acomoda al picoteo y no es capaz de captar todos los detalles o de juzgarlos adecuadamente. Perdemos capacidad de análisis profundo y por tanto capacidad crítica. La realidad desde esta perspectiva es que comparamos de un modo tan poco profundo que aceptamos cualquier cosa en la que en un análisis superficial no muestre fisuras.   El propio autor señala un síntoma: nos cuesta más estar un tiempo prolongado de lectura reposada.                                           
El estudio reseñado de Corporation for Public Broadcasting señala también que la forma de presentar la información será clave a la hora de elegir uno u otro medio: “La exigencia ante el diseño, la usabilidad, las posibilidades técnicas y los diferentes formatos -basados en la utilidad y el acceso a la información que se busca- serán determinantes si se quiere ganar a nuevos usuarios.”
Pero los consumidores de información de otras generaciones, que han adoptado lo digital, no son como los “nativos digitales”, han vivido la era audiovisual. En ella se cuenta mostrando y el orden, duración y frecuencia de la información crea el discurso. Ahora deben traducir contenidos que no cumplen esas reglas, puesto que picoteamos información y rompemos unidad de discurso para “de un vistazo” aquilatar el valor de esa información. Y además es hipertextual, y colegiada. Ahí está quizá el cruce de caminos entre la visión de Carr (que  no es un nativo digital) y los estudios sobre los millenials, nativos digitales.
Tengo mis dudas sobre las teorías de Carr, pero lo cierto es que la cultura (hoy lo inmediato reina) es un factor de influencia muy profundo en la integración de la información que percibimos.
Este nuevo escenario produce dos análisis el que considera que el consumidor tiene más poder e información que nunca y el que analiza el fenómeno de la infoxicación. El periodista Miguel Ángel Aguilar lo resume siempre con esta metáfora; “En las inundaciones, la paradoja es que lo que escasea es el agua potable”.
Regis Debray muestra otro lado de esta nueva era de la información. Habla de comunicación (traslado entre lugares) y de trasmisión (traslado en el tiempo). Vivimos en una era en el que la comunicación inmediata (urgente, compulsiva)  es el valor frente a la transmisión. El problema es que no hay juez sobre la utilidad y rigor de un contenido que el tiempo, que manda al olvido a lo inane y mantiene lo sustancial.