viernes, 3 de octubre de 2014

¿Qué harías tú ante el ataque preventivo de un gurú?

¿Qué harías tú ante el ataque preventivo de un gurú?

Hoy estoy nostálgico (los 80 ¡Ay!) y cabreado (tengo ardor sin Polansky).

Veo mucho análisis que predice el pasado con notable exactitud, mucho gurú que ahora dice que las recetas que defendía hace dos años son una auténtica bobada y que hay que hacer exactamente lo contrario, que es lo que ha defendido el gurú –éso dice- siempre.

El gurú siempre predijo lo que está ocurriendo.  Es la primera marca de estos personajes. Como predecir el futuro tiene dificultades insalvables, es infinitamente mejor predecir lo que ha pasado con efectos retroactivos: “ya lo decía yo”. En la intimidad porque nadie le escuchó.

Distinguir a un gurú requiere insight para -de entre todos los influencers que hay en las redes sociales- saber quién tiene un profundo know how sobre esta tecnología. Ahí se distingue también al buen gurú: espolvorea palabras del slang (del argot pero cuando hablo de ellos algo se me pega) de la cosa de la que habla (o de una que no viene a cuento) en su discurso con el mismo criterio que se reparte el azúcar glass sobre un pastel. Aleatoriamente. (Para los no acostumbrados al diccionario gurú-español quiero decir al buen tuntún).

Los gurús abundan en economía y en social media y no es casualidad,. Donde la incertidumbre campa buscamos alguien que nos ayude.

 Imaginen patinar por primera vez sobre hielo. Y encontrar un brazo amigo que te guíe para que no te dejes los dientes en el hielo y provoques ese espectáculo tan escandaloso del rojo de la sangre sobre el blanco inmaculado del hielo. Eso sería un profesor, un sabio, alguien que te orienta, un amigo.

Un gurú te daría la mano y de inmediato te ofrecería ver en su blog el artículo “cómo dar un doble salto mortal carpado para recién llegados al patinaje artístico”. Y como somos excepcionalmente benevolentes al juzgar nuestras habilidades creeríamos que efectivamente podemos hacerlo –sin entrenar ocho horas diarias cinco años-  y nos lanzamos a seguirlo.

Seguro que ustedes entienden de un tema concreto e ignoran muchos. A mí me ocurre y a toda persona que conozco también. El truco del gurú es que sólo unos pocos descubren su ignorancia cada vez. El resto pueden creer que sabe.

 Porque el gurú se distingue del experto de verdad porque sabe de todo (no como por ejemplo los profesores que se pasan la vida conociendo en profundidad un aspecto de la realidad y apenas pueden hablar de nada) pero es por ciencia infusa. 

Luego uno observa su currículum y ve que sus conocimientos -bastos o vastos según se mire- no proceden de especialización académica alguna ni experiencia profesional de cierto peso. Sobre el conocimiento experto basta decir que se requieren diez mil horas para alcanzarlo. Pero las personas realmente valiosas, los líderes geniales , no tienen esas limitaciones.

A un gurú le basta un curso de treinta horas en la Feria de Villahumo de abajo para alcanzar la gloria. En la feria siempre han abundado los charlatanes, que era la versión offline del gurú.

Uno siempre tiene la tentación de escribir artículos sobre los que abusan de neuro o psico cuando hablan de marketing sin tener la menor idea de neurociencias, psicofisiología, psicología de la percepción, de la comunicación, social, ambiental, del comportamiento del consumidor o las muchas especialidades que se entrecruzan en una decisión humana. Pero es inútil. Como en la canción de Polansky y el ardor, no sé, no sé qué hacer ante un ataque preventivo de un gurú.